17 de abril de 2014

#ABPmooc_intef #ABP_AC Autoevaluación de mi práctica cooperativa

Actividad 3.2.
Los estereotipos descriptos en el texto de Pere Pujolàs me resultan familiares, si bien he guardado en mi memoria solo profesores de tipo cooperativo e individualista.

Promover la cooperación lo aprendí de mi madre Emma Moret, maestra de educación primaria de zona rural en sus inicios, y de chacras más tarde hasta su jubilación. Cuando no estaba todavía instalada la necesidad de integrar a los niños con discapacidad intelectual —años '70 hasta  mediados de los '80—  la maestra Emma (como la llamaban en la comunidad educativa) asignaba a la mejor alumna (una de ellas, hoy ingeniera en sistemas) el liderazgo de  los grupos, mientras ella ponía todo su empeño en enseñar a leer y escribir, en 3º grado, a niños que habían sido promovidos sin haber adquirido la competencia en comunicación lingüística requerida para ese curso. Yo la ayudaba a elaborar afiches —con palabras formadas por recortes de periódicos— que cubrían las paredes del aula. También recuerdo el hectógrafo y haber construido títeres con cabezas de muñeca o hacer de "asistente de producción" para las obras escolares que fomentaban el trabajo cooperativo: más de uno sabía la letra de cada personaje y, llegado el caso, podía reemplazar a un tímido de último momento atacado de pánico escénico.

Mientras, transcurría mi trayectoria escolar primaria y secundaria, con buenos profesores que nos formaron acorde a las exigencias de la época. Así fue también mi paso por el profesorado de Matemática (1981/1985): explicación, práctica, ejercitación, mesas examinadoras con bolillero y "capilla".


Puedo identificar a profesores de tipo cooperativo en el inicio de los '90 cuando egresé como Analista de sistemas de computación (1990/1992): preparábamos, en grupos, clases que exponíamos ante nuestros compañeros, programábamos en equipos y entrábamos a rendir por grupos. En algunos casos la calificación numérica era individual y en otros, la misma nota para todos los integrantes del grupo.

En el período 2006/2010 cursé el Profesorado de Pedagogía y en 2010/2011 el Postítulo en Educación de Jóvenes y Adultos, en ambas carreras se  impulsaba el aprendizaje colaborativo. Se integraban las TIC en instancias virtuales complementando los encuentros presenciales de los días sábados (presentaciones visuales, archivos digitalizados, uso de blogs colectivos, envío de trabajos prácticos y devolución de correcciones vía correo electrónico —posibilidad de editar, rehacer, criterios de evaluación explicitados—, tutorías virtuales). Salvo excepcionalmente, todas las actividades presenciales y virtuales las realizábamos en equipos heterogéneos: edades diversas, ejercicio de  las prácticas docentes en diferentes niveles, procedencia de distintas ciudades, múltiples realidades y experiencias que enriquecían el aprendizaje cooperativo.

Razones para usar el aprendizaje cooperativo en mi aula 

"El aprendizaje cooperativo es también un contenido que hay que enseñar" manifiesta Pere Pujolàs Maset (2008) en su libro "9 ideas clave. El aprendizaje cooperativo". Me lo enseñaron, y siento que estoy en condiciones de propiciarlo en mi aula. Creo que esta estructura de aprendizaje es más eficaz que las demás, por lo narrado anteriormente en relación con  mis experiencias como aprendiz. 

Puedo cambiar algunos aspectos de mi estructura de aprendizaje para hacerla más cooperativa: mostrar a los estudiantes de manera explícita —sistemática y persistentemente— en qué consiste, enseñar a organizarse mejor en equipo, y darles la oportunidad de revisar periódicamente el funcionamiento de su equipo. 
Fuente│Pujolàs Maset, Pere (2008) 9 Ideas clave. El aprendizaje cooperativo.

Aprendizaje cooperativo: Factores que lo potencian y que lo dificultan

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